La actual tendencia mueve a los legisladores a adaptar el derecho a la casuística homosexual, cuando ésta debería arrinconarse al espacio de lo privado por constituir una forma relacional atípica que no aporta ningún beneficio social. La ley no puede depender del deseo de una minoría, organizando socialmente la homosexualidad, y adaptando para ella el término “matrimonio”. Toda sociedad se edifica sobre la estabilidad que genera el compromiso matrimonial fiel y para toda la vida, tal y como fue pensado por Dios, que forma y da paso a las siguientes generaciones en la unidad familiar.
Ya Darwin advirtió que la naturaleza genera una selección sexual para acentuar la atracción entre los dos sexos en orden a la reproducción y por tanto a la continuidad de cada especie. En el hombre, además, no seguir la atracción natural sería un atentado contra su talento para amar.
Lisa Justiniano
Madrid
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