"El público tiene derecho a saber de mi separación, pero no tiene por qué conocer los pormenores de mi vida privada", subrayó acongojado el alcalde Antonio Villaraigosa. Aunque mucha gente se sorprendió por la ruptura con su esposa de 20 años, su separación no es más que un proceso "normal" dentro de las familias estadounidenses.
Hablar del percance matrimonial en este país no debería convertirse en un tabú, sino que debería ser un tema que tiene ser abordado y analizado con más atino. Al fin y al cabo, de cada tres que se casan, dos tienen el mismo destino del alcalde Villaraigosa o una vida deplorable como la de un vecino mío, quién se casó y se divorció tantas veces que no creo que él se acuerde los nombres de sus ex esposas y los hijo/hijas que trajo al mundo.
Hoy, una nueva pareja que jura corresponderse el uno al otro a través de los códigos civiles o por la iglesia, a menudo vive una sabrosa e inolvidable luna de miel; pero luego de unos percances económicos o algún amorío brioso en el camino, el amor fallece, las tempestades conyugales empiezan a dominar y es entonces cuando la familia entra en crisis y al final se desmorona por completo. La pareja se separa y eventualmente culmina en el divorcio.
El matrimonio ya no es para siempre. No es porque aquellas parejas que hacen el juramento de por vida –incluyendo uniones del mismo sexo—, no quieren que su matrimonio no funcione. Por el contrario, la mayoría de los se casan, a excepción de Anna Nicole Smith (Q.E.P.D.) y aquellas que buscan tesoro ajeno a través del matrimonio, normalmente lo hacen con una perspectiva de que quieren ser felices con su pareja hasta que la muerte los separe.
Sin embargo, más allá de los deseos personales, existen estructuras y sistemas que juegan un papel preponderante en el individuo; y con el tiempo, se han convertido en los peores enemigos del matrimonio.
El sistema económico imperante ya no permite que sólo uno de los miembros de la familia sea el único sustento económico del hogar. En otras palabras, en una familia de clase media o baja, el ingreso del papá apenas sirve para pagar la renta, pero no abastece para comprar la comida y otras necesidades básicas, así como también disfrutar de
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